Cuba, realidades y perspectivas. Por Rubén Ramos Mosquera    

La creciente transnacionalización de los medios de comunicación social, de la producción y cultura de masas, es decir, de los medios consumistas, constituye un componente básico de enfrentamiento cultural a nivel global.

Es un proceso que pretende sustituir progresivamente las múltiples perspectivas del mundo y auto-percepción desde diferente regiones, países y culturas por una única perspectiva, la de centro de poder que se ha propuesto en lo económico, la transnacionalización de la economía mundial; en lo sociopolítico, neutralizar las hegemonías, sumirlas a conflictos endógenos, que les permita establecer la democracia tutelar y que contribuya a la transnacionalización de sus decisiones; en lo ideológico cultural, confirmación de un pensamiento único a partir del fin de la historia y de las ideologías neutralizando las utopías sociales y afianzar así una cultura única en el planeta que tenga como valor esencia el consumo.

Este proceso encuentra resistencia desde otros modelos y proyectos de sociedad, por tanto la resistencia a la competencia en el mercado sin protección de las regulaciones y barreras arancelarias del Estado, no es un comportamiento económico irracional, sino que se actúa de esa manera para defensa de formas tradicionales de vida, relaciones sociales establecidas, costumbres, ritmos de vida e identidades individuales y colectivas que son valorados y que por tanto no se quiere ver desaparecer ante los proyectos de las élites gobernantes.

Por otro lado, y simultáneamente, se presentan los modelos híbridos (China, Vietnam, Corea, etc.) que se están convirtiendo en una necesidad y realidad social, particularmente ante la agravada crisis de la modernidad y el desarrollo del tercer mundo, de manera que es difícil concebir la realidad de acuerdo a dos polos o estadios separados, tradición y modernidad.

Se hace innegable cada vez más que estamos ante articulaciones complejas de tradiciones y modernidades diversas y desiguales, frente a la coexistencia de múltiples lógicas de desarrollo.

La reconversión económica y simbólica efectuada por el capital y la modernidad, ha conllevado adaptaciones de saberes y prácticas a todo nivel y en todos los extractos sociales, particularmente en los populares donde las tradiciones aún no ha sido suprimidas; se hibridizan con lo moderno y crean nuevas realidades.

De tal manera que para algunos teóricos es posible apreciar la posibilidad de concebir otro universalismo, producto de un complejo diálogo multicultural. Universalismo que parte del reconocimiento a la diferencia, pero que no se asemeja al de la cultura occidental.

El contexto de la sociedad cubana actual es mucho más complejo debido a los factores externos antes mencionados, a los que hay que agregar los efectos reales del agresivo bloqueo o guerra económica impuesta por los EEUU hace más de sesenta años, así como a factores internos que condujo por necesidad tomar experiencias de modelos híbridos, hacer profundos cambios estructurales y reajustes de formas de propiedad; escenario de visibles disputas de hegemonías culturales entre dominación y emancipación donde las carencias de recursos financieros y otros para satisfacer necesidades básicas, así como la resistencia a la competencia y capacidades de un deprimido mercado, constituye sus principales áreas de conflictos.

La tradición cultural cubana, desde los tiempos coloniales, encuentra sus esencias en la justicia social y en un profundo pensamiento y modo de actuar humanista que obliga a las estructuras sociales y principalmente al Estado a proteger a la población y dentro de ella a la más vulnerable para garantizar la subsistencia de formas tradicionales de vida y la construcción del modelo de sociedad que se aspira.

En los momentos actuales, el crecimiento de los precios de los productos principalmente alimenticios, es uno de los problemas de mayor gravedad y efecto contrario a la tradición cultural y de vida del pueblo cubano, origen de los principales disgustos y desilusiones, conflictos, manifestaciones, incredibilidad. La ley de oferta y demanda puede auto-regular el mercado pero no la especulación, y mucho menos si las estructuras productivas, nuevos actores económicos y modelos productivos se ven estimulados y optan por el indicador precio para aumentar su cuota de ganancia y desatienden otros indicadores de la productividad. La voraz demanda crea la ilusión de que no es necesario producir más a menos costo, sino elevar de forma gradual y sistemática los precios sin detenerse a evaluar el efecto y costo social negativo que puede causar  al sostenimiento del  modelo social.

¿Qué podría costar a una entidad productiva cosechar frutas como el mango, guayaba, tamarindo etc. que son cultivos que producen por años sin mucha atención cultural, como para vender 1 Kg de jugo a 169 pesos cuando se conoce que estos productos son fuente de alimentación para los niños que ya no reciben leche por la canasta, para ir a la escuela? Muchos padres no pueden obtener estos productos a estos precios y que lejos de bajar, suben cada día.

No es justo valorar que si la tarea ordenamiento elevó cinco veces el salario, el trabajador tiene capacidad monetaria para enfrentar precios que crecen hasta cuatro veces; hay que tener en cuenta que él tiene que enfrentarse obligatoriamente en el llamado mercado negro o especulativo a precios que crecen por días y que ya se han elevado hasta diez veces como en casos de las carnes, aceites comestibles, productos del agro, por citar algunos. Esto sin contar otros productos que solo se adquieren en las tiendas recaudadoras de divisas, que los que pueden adquirirlos revenden en el mercado negro.

Se sabe que se hacen esfuerzos pero aún es insuficiente el papel regulador del Estado en esta dirección, pues no logra el resultado que espera la población.

La exagerada subida de los precios de alimentos no debe ser la fuente de recaudación y regulación inflacionaria, hay experiencias de cómo regular con la venta de otros productos y servicios que no son vitales, para que sean consumidos por los de mayores ingresos.

En Cuba los padres y maestros no tolerarán jamás que un niño no asista a la escuela porque no tiene qué comer, o que asista sin desayunar. Esas diferencias no son toleradas por la sociedad cubana actual y es lógico que provoque serias contradicciones, conflictos y matrices de opiniones, independientemente de la guerra que se hace en esta arista de los acontecimientos.

Es lógico que no haya un pensamiento homogéneo, ya que la libertad de pensamiento a la que Martí llamó primera libertad, es una conquista del pueblo cubano en el proceso revolucionario y que desde una posición crítica que se articule con la UNIDAD es posible defender las causas sociales  que en definitiva es la esencia del socialismo cubano. No se debe perder de vista el nivel de instrucción cultural del pueblo ni desconfiar en él.

Dos paradigmas culturales acompañan la problemática de la Cuba de hoy, el de la vida común, carente de perspectivas inmediatas por el alto costo de la vida, imperceptibles avances, retrocesos que se observan con mayor nitidez en el mercado, y el de la imagen atractiva, sugerente, poderosa, proveniente del mundo de las tecnologías de centro de poder (principalmente de EEUU) y cuyo remanente llega a los que viven en países subdesarrollados y hacen diana en los más jóvenes.

En los jóvenes cubanos se agolpan la precariedad económica, los sueños de consumidor y la actitud hedonista que caracteriza a este sector de la sociedad y que ahora se proyecta por alcanzar el estatus del producto.

El producto tiene estatus, la transnacionalización de los medios de consumo agrega valor no solo al producto sino también a quien lo lleva. En los círculos de relaciones los jóvenes son valorados y aceptados en dependencia de las marcas de los zapatos, la ropa, el celular etc. que poseen y esto gana cada vez más espacios en las llamadas tribus urbanas. Al no ver la posibilidad de alcanzar ese estatus y estimulados por algunas experiencias de la ley de ajuste cubano en los EEUU, el camino inmediato  a elegir es emigrar.

El modelo de socialismo cubano, frente a la coexistencia de múltiples lógicas de desarrollo (hibrido o no) necesita, a diferencia de lo que piensan algunos teóricos de la crisis de modernidad, el papel cada vez más activo, inteligente y efectivo del Estado. Ante las complejas articulaciones de tradición y modernidad, el Estado cubano tiene que garantizar la continuidad del modo de vida del cubano, que amplíe el horizonte, las expectativas, las utopías de los más jóvenes que aún no han emigrado y que estimule a lograr construir su proyecto de vida dentro del territorio con su trabajo, preparación profesional y esfuerzo personal y colectivo. El Pleno Extraordinario del Comité Nacional de la UJC el pasado sábado 22 de octubre 2022 se proyectó por una estrategia en esta dirección, que fortalezca el papel integral de los jóvenes en el presente y futuro del país, pero esta estrategia no puede ser letras muertas, ni involucrar solamente a los militantes de la UJC;  tampoco puede ser un proyecto solo de la organización juvenil, necesita del apoyo y acompañamiento del partido, el gobierno y las organizaciones no gubernamentales e incluso de las estructuras productivas  a todos los niveles.  Para que se cumplan los objetivos que se plantean es necesario diseñar tareas de choque, acciones productivas de primera necesidad con la participación de la juventud toda, junto  al pueblo, desde las tradiciones culturales, desde lo que se ama y que se puedan medir sus resultados.

El líder de la independencia de Cuba y organizador de la guerra en su última etapa (1895) José Martí, desde su momento histórico, había comprendido la importancia de aquellas ideas de la participación popular que se habían formado en la tradición de la guerra de los 10 años y que guiarían la actuación de hombres y mujeres en la etapa posterior al logro de la independencia. Vió la necesidad, por tanto, elaborar un proyecto alcanzable, enraizado en el ideal y las tradiciones republicanas del pueblo capaz de unir tras de sí no solo a quienes deseaban la independencia y luchaban por ella, sino a todos los que concebían el sacrificio patriótico como un modo de lograr la justicia social, la equidad, el respeto a los derechos fundamentales y a la dignidad plena del hombre.

Conoció Martí, en el  período de 1873 – 1874 en México, Guatemala, Venezuela y Estados Unidos,  a fondo las contradicciones existentes en aquellas repúblicas y la vacuidad de este concepto cuando tras él se ocultaba el dominio de las oligarquías, carentes de intención de incorporar a las grandes masas en el disfrute de los beneficios y la búsqueda de soluciones mediante una verdadera representación en el gobierno y su participación en proyectos favorables a la nación.

Para evitar este riesgo vislumbró la necesidad de “procurar desde la raíz salvar a Cuba de los peligros de autoridad personal y de las decisiones en que, por falta de intervención popular y de los hábitos democráticos de su organización, cayeron las primeras repúblicas americanas”. (Carta al presidente del club José Ma. Heredia. Nueva York 25 mayo 1892. OC T1 p 458) Véase “Pueblos Nuevos” Patria 14 mayo 1892. OC T 28 p 303.

Para ello no bastaría con liquidar el poder colonial sino aplicar “La política popular en que se acomoden por el mutuo reconocimiento, las entidades que el puntillo o el interés pudiera traer a choque”. (Nuestras Ideas. 14 marzo 1892 Patria OC T 28 p 519), pues el país, revuelto por la guerra triunfante, debía levantarse “un pueblo real y de métodos nuevos, donde la vida emancipada, sin amenazar derecho alguno, goce en paz de todos”. (Nuestras Ideas. 14 marzo 1892 Patria OC T 28 p 519)

Las fuerzas de la patria debían agruparse bajo métodos democráticos que hicieran viables la acción común.

Estas experiencias y enseñanzas dejadas por el líder José Martí a su pueblo, hace comprender la urgencia de tenerlas en cuenta en momentos como estos, no puede esperar más, el pueblo necesita participar en actos y esfuerzos que abran caminos y perspectivas, que den soluciones inmediatas a los problemas más acuciantes, necesita ver la luz.

El replanteo del discurso de estos tiempos ha de partir de la conciencia de que los problemas y necesidades de la sociedad cubana actual son resultados de lo que ha podido o no avanzar y transformar el socialismo a pesar de las terribles influencias externas, y se deben resolver internamente con la participación de todos, desde la posición de principios éticos que caracteriza a la cultura cubana. Debe además ser un discurso de enfrentamiento valiente al obsoleto discurso de la exclusión, la patria es de todos los que están dispuestos, desde diferentes posiciones y paradigmas, a trabajar por hacerla avanzar. La crítica hay que enfrentarla con hechos, no solo con palabras, es la mejor manera de decir, sentenció el maestro.

Ante la compleja situación del panorama internacional, parte de la población mundial, la misma que propone que se entregue el Premio Nobel de la Paz a los médicos cubanos internacionalistas, reclama el cultivo de lo mejor del ser humano, elevar la condición humana, el despliegue de la ética del género humano y ven en los cubanos el modelo a seguir. Es una exigencia, y un compromiso moral, una esperanza que encuentra su epicentro en los patriotas de la pequeña isla de Cuba. No se puede defraudar a la humanidad, es un compromiso de gran envergadura.

La juventud, baluarte revolucionario.

Documentos consultados

_ Betto, Frei: “El sujeto se vuelve objeto: el objeto sujeto”. Granma, 26 de octubre de 2012

_Díaz Canel, Miguel: “Discurso ante la ONU”  22 septiembre 2020

_Mendoza, Lissette: “Discurso de presentación”  24 de mayo de 2016

_Pogolotti, Graziella: “La crisis de la democracia.Juventud Rebelde”. Domingo 4 de octubre p 6

_Ramos, Rubén: “Intervención Asamblea Provincial de Socios de la SCJM”  Noviembre 2021

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