Martí ante el naciente imperialismo de Estados Unidos. Por Pedro Pablo Rodríguez

No fue mero recurso literario que José Martí llamara a la nación norteña la Roma americana. La equiparación con el antiguo imperio que se extendió por toda Europa, el norte africano y el Medio Oriente no solo se refería a su amplitud territorial sino a todo un sistema de dominación sobre infinidad de pueblos y culturas.

Sus crónicas acerca de Estados Unidos fueron un formidable estudio de aquella sociedad en sus diversas facetas, que le permitieron entender su sentido expansionista y las fuerzas motrices del capitalismo industrial y de los nacientes monopolios que, velozmente, controlaban la vida de aquel país en provecho propio.

Bolivariano desde joven, Martí se planteó, sobre la base de la identidad regional y la comunidad de intereses, la acción latinoamericana unida para frenar las ambiciones norteñas.

José Martí por el equilibrio del mundo

Cuba libre y su república nueva y su significado en las Antillas, el continente y el mundo serían el sustento del equilibrio regional y mundial.

Fue claro en ello  José Martí más de una vez, como escribió en 1894: No a  mano ligera, sino como con conciencia de siglos se ha de componer la vida nueva de las Antillas redimidas… Con augusto temor se ha de entrar en esa grande responsabilidad humana. Se llegará a muy alto, por la nobleza del fin; o se caerá muy bajo, por no haber sabido comprenderlo. Es un mundo lo que estamos equilibrando: No son solo dos islas las que vamos a libertar.

Así, fue Martí el veedor de su tiempo y del porvenir, el revolucionario que proyectó y trabajó hasta su muerte para cambiar el sentido de la historia.

Convocó con esta frase: Los flojos respeten. Los grandes, adelante. Esta es tarea de grandes.

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